30 de septiembre de 2009

Buda y Pest. Pero sobre todo Pest.

Bañadas por un río ancho con personalidad de mar que se llama Danubio, las orillas de Buda (al oeste del río, alta pero histórica) y Pest (al este, jungla pero sofisticada) saben lo que llevan en sus espaldas: una ciudad única dentro de un país que corre detrás de ella, difícil alcanzarla entre tanto arte, arquitectura, negocio legal/negocio turbio, noche, o ese mar (río) de gente que se interpone a la nueva víctima preferida - un goulash caliente, qué delicia...

Arriba hay vistas de Pest desde el cerro Buda, diferentes puentes del río Danubio, el Palacio Real, la Iglesia de Matthias, el bastión de los pescadores, la calle Váci (puro fashion), la basílica de Szent István, el precioso Parlamento, la Plaza de los Héroes, el Városliget (parque de la ciudad), los baños termales de Széchenyi, la cueva-capilla, la Ópera, la Sinagoga y toda la arquitectura ecléctica, neoclásica, barroca, gótica, o art nouveau que quiera encontrar el visitante... Son bastantes fotos, todas juntas también aquí.

25 de septiembre de 2009

La Transilvania del Conde Drácula


Terminado nuestro paso por Bucarest, tocó disfrutar. Fuimos a la zona de Transilvania, a Brasov, la ciudad donde vivió el Conde Drácula, que te recibe con un enorme letrero blanco enclavado en un cerro, tipo Hollywood en Los Ángeles. En el centro, hay una placita exquisita, rodeada de edificios de colores y con una fuente de agua en el medio. Los niños juegan, los viejitos le dan migas a las palomas y nosotros nos sentamos a mirar cómo todo pasa.

Rasnov, Bran y Sinaia
Hicimos un tour a tres castillos medievales, uno de ellos el de Vlad Tepes, el Conde Drácula, quien fue un príncipe conocido por la crueldad con la que aniquilaba a sus enemigos. Lo de su afición por tomar sangre, dormir en ataúdes y sólo salir de noche es parte de la leyenda que le da de comer a centenares de vendedores de souvenirs en las afueras del castillo.


Finalmente, antes de seguir hacia Hungría, una breve parada por Sigishoara, donde nació Vlad Tepes. El pueblo es chiquitito, con un par de iglesias y torres de campanarios. Nos quedamos sólo unas horas, mientras esperabamos por el tren que nos llevaría a Budapest.

Un domingo en Bucarest


Después de Bulgaria, nuestro viaje nos llevó a Rumania, partiendo por su capital, Bucarest por el día. Una ciudad oscura y algo anticuada, que denota la influencia comunista reciente en cada rincón: bloques de cemento (edificios) iguales y grises, un centro sin brillo, con algunos gitanos desparramados por las calles. Un lugar un poco deprimente, al menos temprano durante la mañana de un domingo...

17 de septiembre de 2009

Veliko ven...

Veliko Tarnovo (18)
Escondido entre cerros y ríos, Veliko Tarnovo (Велико Търново) fue la antigua capital de Bulgaria, en esa medieval época en la que construir fuertes arriba de la punta del cerro era normal, Tsaverets dando la frente y espalda al río Yantra el mejor ejemplo.
También está aquí la universidad más prestigiosa de Bulgaria, lo que debe darle a la ciudad un vibe estudiantil diferente (el cual no vivimos por que era verano; imagino que los estudiantes estaban en cualquier lugar que no fuera éste, Varna el mejor ejemplo).
Con todo, lo mejor fue en la noche. Junto a Mauricio Giacometti, gran partner uruguayo que conocimos en Sofía y con el que seguimos hasta acá, tomamos el trípode y nos instalamos a ver el show de luces que se hace frente al fuerte Tsaverets cada vez que un grupo de turistas (turistas, de esos que se ponen, no backpackers como nosotros) se junta y paga el costo de echar a andar el circo. Parecía comercial de Sony Bravia. Uno de los resultados del show (fotografía) aparece arriba.
Un par de días después, y con el Mati enfermo, salí de paseo al monasterio de Dryanovo, incluyendo un ecotrail donde cruzamos un cerro y nos bañamos en ríos y cascadas y visitamos la heladísima cueva de Bacho Kiro, que data del paleolítico y donde se forman increíbles estalactitas, aunque ya solo me voy acordando del frío que dolía hasta las b los dientes.

4 de septiembre de 2009

El minimundo de Sofía

Sofía (30)
Sofía es una capital de bolsillo, y por lo mismo resulta fácil perderla entre Atenas, Estambul o Budapest. En la superficie es un ciudad simple, ordenada y bonita, con lugares comunes de dos mundos que a esta altura se encuentran en casi toda europa del este, monumentos de puño en alto adornando plazas rodeadas de bancos y casinos, ya saben de qué hablo. Sin ser de lo más cosmopolita, no le falta la arquitectura clásica europea, los grandes parques verdes, las boutiques caras y los museos.
De fondo, siempre, el ícono de la ciudad, la imponente catedral ortodoxa búlgara de San Alexander Nevski (Свети Александър Невски).
Compacta para caminarla, con buena onda para disfrutarla, a Sofía hay que escarbarla un poco antes de encontrarla, en el bolsillo la llave no siempre sale a la primera.
En la noche las botillerías 24/7 venden por casi nada cerveza en botella plástica y tapa rosca con sabor a pichí de gato, ideal para salir a ver dónde está la gente: cuesta encontrarla inicialmente pero en el centro, alrededor del teatro municipal, aparecen de a poco los jóvenes subiéndose a la pelota, viejos jugando ajedrez y parejas en lo oscuro jugando a todo.